Pusimos a Pet Stone frente a un regalo "de verdad". Pensábamos que perderíamos. Nos equivocamos.
Un regalo clásico: una bufanda, una taza, un set de bienestar. Útil, sensato, ya olvidado en febrero. Queríamos hacer una comparación objetiva. El resultado nos sorprendió incluso a nosotros.
El enfrentamiento, criterio por criterio
Efecto sorpresa: la bufanda la vimos venir de lejos. La piedra con certificado de adopción, jamás. Punto para Pet Stone.
Duración del recuerdo: la taza acaba en el fondo de un armario. La piedra se queda en el escritorio, porque nunca se sabe muy bien qué hacer con ella, y precisamente por eso se la sigue mirando.
Historia que contar: «me regaló una piedra con una guía de adiestramiento» se cuenta durante años. «Me regaló una taza» no se cuenta nunca.
Valor sentimental frente a precio real: un regalo caro no es necesariamente un regalo memorable. Lo hemos comprobado más de una vez, a menudo a nuestra costa.
El veredicto (parcial, lo admitimos, pero honesto)
Vendemos piedras, no vamos a fingir lo contrario. Pero un buen regalo no es el que más cuesta. Es el que se recuerda.
En ese criterio exacto, una piedra pulida en una caja temática le gana por goleada a una taza. Asumimos por completo este resultado.